Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte3

-EL PAPEL DE LOS PADRES EN EL FRACASO ESCOLAR- 

-3ª PARTE-

“Modalidades de fracaso escolar”

El fracaso escolar presenta diferentes caras. En muchas ocasiones el “no pasa nada...” que solemos aplicar a los niños en los primeros años de vida, ha hecho que el muchacho acabe “pasando de todo...” y la cultura relativista del “todo vale...” ha hecho que para él ya “nada valga nada...”.  

Al margen de ello, conocemos distintas modalidades de fracaso escolar como, por ejemplo, la que se centra en una deficiencia generalizada del alumno, lo que le hace fracasar en el conjunto de sus aprendizajes. 

En este caso, la etiología puede ser de orden físico, aunque a veces se encuentra en un débil nivel de inteligencia general o en un ambiente sociocultural bajo en el que la altura de miras y la búsqueda de aspiraciones sean también escasas. 

En este sentido, es preciso señalar que todas las realizaciones escolares están en su conjunto condicionadas por las aspiraciones que de ellas hace la familia, por las relaciones afectivas entre educador y educando, y por las disposiciones negativas del carácter del muchacho.

           

Desde un punto de vista técnico, se enumeran las causas de fracaso escolar desde dos vertientes principales: intrínsecas o extrínsecas

  1. Intrínsecas. Entre ellas cabe destacar las siguientes:
  1. Anomalías morfológicas.
  2. Déficits sensoriales.
  3. Trastornos endocrinos.
  4. Trastornos neurológicos.
  5. Inestabilidad de carácter.
  6. Débil nivel de Inteligencia General.
  1. Extrínsecas. Suelen tener mejor pronóstico.
  1. Ambiente sociocultural desfavorecido y escasas aspiraciones.
  2. Relaciones afectivas entre educador y educando.
  3. Falta de estímulos que susciten en el niño el deseo de trabajar.
  4. Falta de deseo de identificación (igualarse al profesor en el plano cultural y asimilar sus conocimientos -querer ser como él-).
  5. Desconocimiento de “Métodos Activos de Estudio”.
  1. Otras causas. Forman un corpus diverso.
  1. La insuficiencia psicomotriz.
  2. Los trastornos de Lenguaje. Las Dislexias.
  3. Falta de dominio de las Técnicas de Base (Memoria, Imaginación y Atención).
  4. Control del tiempo. Horario equilibrado.
  5. Absentismo escolar.
  6. Falta de dominio de las Técnicas de Estudio.
  7. Falta de motivación, interés y actitudes positivas.
  8. La fatiga mental.
  9. Problemas afectivos, de personalidad y psicopatológicos.

Una vez descritas las causas más frecuentes de fracaso escolar, parece fundamental ahondar en el concepto de Adaptación Escolar mediante la búsqueda de un buen aprovechamiento académico en función de las características personales y ambientales. 

La mejor receta se asienta en el desarrollo de un esfuerzo persistente y en la adquisición de conocimientos útiles. Algunos alumnos se contentan con un rendimiento medio o mediocre, lo que suele pasar factura más temprano que tarde. Por eso es fundamental que se estimule en ellos la búsqueda de estrategias de aprendizaje profundas y una motivación de logro que les permita la consecución de metas académicas a corto, medio y largo plazo, de forma brillante.

Si hablamos de Adaptación Escolar, se hace preciso definir el concepto de Adaptación. Ésta se entiende como el proceso por el que se hace frente a las exigencias internas y externas, a esfuerzos, conflictos, frustraciones y situaciones problemáticas, mediante alguna respuesta personal.

Y al contrario, la Inadaptación es la incapacidad de hacer frente a las exigencias personales y ambientales y de resolver conflictos y frustraciones en modo sano y eficiente. 

En este punto entra en escena la Inestabilidad que caracteriza en los últimos tiempos a una buena parte de los muchachos en edad escolar. A la hora de analizar este aspecto, es necesario destacar algunos detalles que deben tenerse en cuenta:

  1. Hay que distinguir entre inestable motor e inestable mental (inatento).
  2. Existen los llamados inestables verdaderos e inestables falsos. Los primeros son personalidades de un tipo particular cuyo comportamiento inestable es una característica esencial y permanente. Los segundos sólo son inestables en ciertas circunstancias y de manera variable.
  3. Los incapaces de mantenerse en actitud de reposo pueden ser alumnos de tipo medio e incluso brillantes.
  4. La conjunción de una necesidad motora exuberante y unas formas de vida escolar que le son opuestas desde el punto de vista motor, es la única razón de su inestabilidad.
  5. La inatención puede simplemente ser un síntoma de un comportamiento inevitable frente a una escolaridad mal aceptada o mal planteada.
  6. A veces puede ocultar un problema de fatiga mental.

Un problema complejo y de difícil solución es la presencia en el aula de lo que conocemos como “el niño vago”. Es como una máquina que se obstina en no arrancar, lo que se convierte en un irritante problema para familias y docentes. Ambos se afanan años y años en convencer al niño, y sin embargo, se deja reñir, censurar.... Nada le conmueve. Es un optimista a su modo. Es vago. Y, en cierto modo, su problema es un misterio. 

La Psicología no tiene una idea exacta de lo que es “ser vago” para proponer soluciones efectivas al 100%. En realidad, potencialmente, no es mal alumno, no es retrasado o deficiente. Contrariamente, suele ser un inteligente sin voluntad. Hace bien lo que le agrada o le interesa. Rara vez es un mal dotado intelectual o con pocas aptitudes. Incluso desde alguna corriente psicológica se ha llegado a definirlo como un niño mentalmente débil, con falta de tensión psíquica. 

Sin embargo, yo me inclino por una causa enraizada básicamente en los rasgos de personalidad; es decir, o es un apático o es un inestable (perpetuo distraído). Su mayor deficiencia está en la voluntad, por eso es incapaz de hacer circular la energía intelectual suficiente (sobre todo para lo teórico y lo abstracto). No hay tensión de voluntad en sus trabajos escolares. En numerosas ocasiones su escritura es floja y descuidada. Tiene poco gusto por el orden, la limpieza y la presentación.

No aprende porque su voluntad le traiciona (jugar, dejarlo para mañana, no dar importancia...). No le conmueve nada. Es estático. Lo más que suele obtenerse de él es promesa de esfuerzo, jamás esfuerzo real. Las razones resbalan sobre él sin calarle. No funcionan ni castigos ni humillaciones. Es un ser sin tonicidad para lo intelectual, pero puede ser, por ejemplo, un buen deportista.

Lo curioso es que vive creyéndose un gran incomprendido. Sin embargo, ¿hay alguien que responda menos a lo que se hace por él? Vive sin agradecer. Es el caso más difícil al que puede enfrentarse un psicopedagogo. En todo caso, sí sabemos que funciona, aunque mínimamente, tratar de comprenderle y hacer que pueda confiar en sus propias fuerzas. Es una larga tarea. Sólo funciona la serena observación de los hechos, su análisis y la firme resolución de utilizar los medios necesarios, cueste lo que cueste. 

Otro aspecto clave radica en la propia definición: “es un vago...”. El vago está muy mal visto. No se le admite, se le rechaza, y él lo suele tomar como una injuria personal y eso impide toda solución adecuada. Educarlo es una empresa ciertamente compleja y existe un porcentaje muy alto de fracaso. Los padres suelen culparse a sí mismos.

Las posibles soluciones se describen a continuación:

  1. Lo primero que hay que hacer es un examen médico por si hubiera disfunciones...
  2. En segundo lugar es clave un examen psicológico (Capacidades,

Aptitudes...). 

  1. Acompañarle diariamente en la realización de las tareas escolares. No hacerlas jamás en lugar de él, pues nunca lo hará después solo.
  2. Las sanciones han de ser fruto de la reflexión, con el fin de dar con la condición esencial que le haga moverse y dar el golpe inicial.
  3. Hay que indagar si le gusta hacer alguna cosa, cualquier cosa, algo que haga como por instinto innato. Si es así, salvado. Lo tenemos atrapado. Si no es así habrá que creársela artificialmente.
  4. Hay que despertarle el gusto por una actividad determinada. Si intenta crear algo y en ello no es apático, hay que ayudarle. Hay que dirigirle. Crearle gusto por algo. Ensayar con él diferentes caminos.
  5. Es clave detectar al principio de las dificultades en los estudios, si es vago o no es vago. Más vale actuar a tiempo. Prevenir.
  6. Hay que retirarle del lugar donde vegeta y tener paciencia, pues en muchas ocasiones hay perezas temporales y ocasionales.
  7. Es fundamental ser siempre positivos.
  8. No se le debe humillar nunca. Es mejor hacerle ver que trabajamos por rehabilitarle. Eso le hace reaccionar de forma positiva.
  9. No se le debe mostrar resignación, ni se le debe comparar con nadie. No funciona el argumento muy utilizado de hablar de los tiempos pasados

(“en mis tiempos...”). 

  1. Si nada le mueve, lo único que queda es tantear sus gustos y aficiones y tratar de orientarle en algo en lo que adquirirá un valor y una realización, al menos, media. Es más que la nulidad a que se veía abocado anteriormente. Él, así, va a sentirse útil.

Lo mejor de todo es que esta tarea está encomendada a los padres.

TODO UN PRIVILEGIO. 

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