Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte2

-EL PAPEL DE LOS PADRES EN EL FRACASO ESCOLAR- 

-2ª PARTE-

“Padres educadores”

         La educación como constructo pide a gritos la apertura de un proceso de reflexión. Ya hemos mencionado el peligro de que nuestros hijos puedan convertirse en el reflejo de una sociedad consumista, egoísta y frívola, y que buena parte de ellos fracasa académicamente porque la escuela no puede soportar en solitario el peso de  educar. 

 

Asimismo, ha quedado claro que por más difícil que sea la realidad nunca hay que tener una mirada negativa de la vida. Otro factor clave que hemos tratado es el “sacrificio” como ingrediente fundamental para alcanzar las metas. Es prioritario que desde pequeños, los hijos puedan entender lo que significa el valor del esfuerzo y que a pesar de las dificultades, los verdaderos objetivos sólo se consiguen trabajando y esforzándose, al tiempo que hay que acompañarlos y empujarlos a que sean personas proactivas que luchan con el coraje suficiente para elegir el camino más largo, pues es el que, al fin y al cabo, dará mejores resultados.

Cierto es que el rendimiento escolar se nos presenta como un fenómeno complejo en el que aparecen en escena una serie de factores que desborda el campo de las capacidades intelectuales. Todos conocemos niños inteligentes fracasados, así como niños menos dotados que, a fuerza de trabajo y confianza, logran el triunfo.

Los principales factores que debemos analizar, siguiendo los postulados de M. Porras, son principalmente de dos órdenes, a saber: capacidades intelectuales y el medio familiar.

            a) Factores intelectuales:

-       Ante el fracaso de un estudiante, la primera cuestión que debe observarse es si dispone de los mecanismos intelectuales requeridos para lograr los objetivos desplegados en los programas escolares del curso.

-       Para dilucidar este tema contamos con varios agentes:

  • Lo que piensan los padres. Evidentemente, los padres tienen unos medios valiosísimos de observación, pero como contrapartida pueden ser presa de la subjetividad y de la ansiedad.
  • La opinión de los profesores. Posee el valor innegable de un contacto directo y constante, así como una observación y evaluación frecuente, pero, a la vez, el inconveniente de la fluctuación de criterios entre distintos profesores, bien por el nivel de sus exigencias, bien por el valor concedido a sus calificaciones, etc.
  • Los resultados de la evaluación psicopedagógica. Ésta se asienta en un esfuerzo científico de objetivación de la capacidad intelectual. Tiene como inconveniente la correcta interpretación de una serie de datos estadísticos  fríos.

-       Evidentemente, es la coordinación y contraste de estas tres fuentes de datos, lo que nos dará una clara idea sobre la medida de las capacidades intelectuales del niño, o al menos, de su rendimiento.

-       Del conocimiento de los factores intelectuales surgirá una toma de postura, tanto a nivel de exigencias como en orden a la creación de metas e intereses.

-       No podemos partir de la “tabla rasa” de Aristóteles, pero tampoco, quizá, del excesivo “determinismo freudiano”: la predisposición hereditaria existe, pero es todavía maleable, “tanto más cuanto más pequeño es el niño”.

-       Ahora bien, aparte de los rasgos temperamentales heredados, es imposible hablar de los factores afectivos y de personalidad sin entrar de lleno en la influencia del medio familiar.

            b) El medio familiar

-       Es necesario partir de la base de que la familia es el crisol donde se forja la personalidad: la unión de la pareja, el grado de equilibrio personal de cada uno de los cónyuges, el contenido cultural de la familia, su buena integración en la sociedad, la estabilidad de sus sistemas de valores... constituyen la garantía de una infancia feliz y de un desarrollo armónico de la personalidad.

-       La influencia de los padres. Es importantísima. La Madre y el Padre, educadores, en cuyos regazos encuentra el niño sus primeros placeres y también sus primeras frustraciones y de los que absorberá el nerviosismo y la ansiedad, o bien la serenidad o el cariño. De otra parte, los padres, tantas veces excesivamente ocupados, han de infundir seguridad, decisión y capacidad de trabajo. Desgraciadamente, además el niño ve invadida su necesidad de relaciones familiares por preocupaciones profesionales de los padres.

-       Otro punto importante es el equilibrio y la compenetración de los padres en una empresa educativa común que no se base en la compensación de los métodos del otro. Esto es aún más necesario cuando conviven tíos o abuelos, o cuando hay un solo bebé en medio de hermanos mayores.

-       Es evidente que el interés por saber y la adaptación escolar guarda relación directa con el ambiente familiar:

  • Los padres perfeccionistas, obsesionados con las notas, provocan en el niño una cortedad de miras, ansiedad o frustración.
  • Los padres moralizantes, para los que el refrán de “La pereza es la madre de todos los vicios” es el único principio, crean excesivo sentimiento de culpabilidad en el niño.
  • Los padres excesivamente autoritarios crean en el niño una gran inseguridad, llevando consigo conductas agresivas o sentimientos de persecución.
  • Los padres sobreprotectores provocan fácilmente la inadaptación sistemática, la ineptitud y/o la inhibición.
  • Los padres indiferentes siembran en sus hijos un sentimiento de rechazo, provocando su apatía.

-       Se exige, por tanto:

  • Conocimiento de las necesidades del niño.
  • Atmósfera sana dentro de la familia, equilibrio, proporción, armonía.
  • Creación en el niño de la idea de “trabajo”, primero como juego, después como profesión.
  • Motivación adecuada a su edad: pequeños premios, fijación de metas, orientación académica y profesional.
  • Métodos de estudio y de trabajo adaptados a sus necesidades.

-       A pesar de todo, el fracaso escolar puede provenir de la vida escolar misma, de la empatía con los profesores, de la estructura del grupo-clase, de los métodos de enseñanza, etc., pero, ante estas situaciones, el niño estará más o menos defendido si su ambiente familiar es armónico y si la formación progresiva de su personalidad es adecuada.

Como conclusión, es preciso destacar los siguientes aspectos:

  1. Se necesita un conocimiento de las capacidades intelectuales y aptitudinales del niño, que han de producir un realismo de exigencias y pretensiones, y una ayuda eficaz y consciente de los factores intelectuales.
  1. Es necesaria una atención especial al desarrollo evolutivo y orgánico del niño.
  1. Es fundamental tomar conciencia de la importancia del medio familiar en la educación, lo cual implica:
  • Una constante revisión de actitudes y métodos.
  • Una activa y comprometida colaboración con el Colegio.
  • Y una actitud permanente por parte de los padres de informarse y de autoformarse como educadores.

 

Y ES QUE LOS PADRES SOMOS LOS PRIMEROS Y LOS MEJORES EDUCADORES. 

Queda dicho. 

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