Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte1

-EL PAPEL DE LOS PADRES EN EL FRACASO ESCOLAR- 

-1ª PARTE-

“Pensar en grande”

Para ayudar a los hijos en los estudios con una mínima eficacia, se necesita un ingrediente fundamental: RENUNCIA al propio espacio y al propio tiempo, para acercarnos al espacio y dedicarnos al tiempo de nuestros hijos, y en segundo lugar, requiere “PENSAR EN GRANDE” y mirar lejos, muy lejos... 

El fracaso escolar ronda el 30% en España y la cifra podría aumentar en los próximos años. Es una verdadera catástrofe que vamos a pagar todos más pronto que tarde y a un precio muy alto. La evaluación diagnóstica que se realiza anualmente en España para comparar el nivel de competencia curricular entre los estudiantes de todas las Comunidades y del resto de la Unión Europea no es rigurosa y causa vergüenza, estupor y malestar entre los docentes, sobre todo al ver cómo se maquillan las cifras año tras año, al mismo tiempo que se constata de forma clara cómo baja el nivel educativo de los alumnos hasta cotas inimaginables, y es que llegan cada vez más niños al tercer ciclo de la Educación Primaria sin las herramientas básicas para poder aprender en condiciones saludables y alcanzar los objetivos mínimos programados; esto es, calcular, leer o escribir con cierta fluidez. 

Asimismo, un país como España no puede permitirse que haya cada vez más niños sentados en las aulas en estado “salvaje”. Niños que desde sus primeros días de vida han sido obsequiados con cantidades ingentes de “juguetes y chismes” que no necesitan, y que incluso, en muchos casos, nunca han utilizado ni utilizarán (la mayoría de los padres no saben donde almacenarlos en casa), pequeños déspotas a los que se les ha hecho creer que son reyes, y lo que es peor, en el día a día se les muestra de forma reiterada que la vida es fácil y que el éxito radica en la posesión de cosas innecesarias, esto es, en “tener” (aquí la TV. también juega su papel consumista); y si el niño no es capaz de conseguir aquello que le pide el cuerpo “aquí y ahora”, se frustra y comienza a manipular, a herir, y a “reinar”  de forma despiadada (ese es su único reino) sobre la debilidad manifiesta de unos padres que han construido un mundo irreal, a su medida, y que encogidos por toda clase de “miedos” se ven, de repente, desbordados sin saber qué hacer... Además, el crecimiento del miedo es proporcional al crecimiento del niño. ¡Y hay que ver cómo crecen ahora...!

Flaco favor les hacemos... La vida es muy complicada. Justo al contrario de lo que se les ha hecho creer. En el mejor de los casos, en una vida normal de 80 u 85 años, una persona va a sufrir varios desengaños, disgustos de toda índole, graves problemas personales al menos en una ocasión, vaivenes profesionales, tres o cuatro muertes que sobrellevar, etc.

Así que pongamos las cosas claras. El esfuerzo, el sacrificio, sí digo bien y remarco

SACRIFICIO”, la palabra de honor, el respeto, el amor al prójimo, la disciplina, el desarrollo de una voluntad férrea, la higiene, la puntualidad, el verdadero valor del dinero, etc. se enseñan “en casa”, y por encima de cualquier otra entidad, “en casa y sólo en casa”. Mi programación curricular (absolutamente rigurosa y basada en la legislación vigente) no contempla clases de “voluntad”, de “puntualidad” o de “adversidad”.

El niño cuando llega a un centro educativo muestra sus rasgos de personalidad y demuestra obviamente que ya sabe cosas, el colegio no lo ha parido, de modo que a través de su conducta, los profesionales sabemos a qué tipo de crianza ha sido sometida la criatura. Sin embargo, tanto los problemas sociales que padecemos como sus consecuencias -la sociedad se ha convertido en un gran hospital psiquiátrico-, han contribuido a que se le asigne a la escuela el papel de librar una batalla de antemano perdida, que es la de “criar” a los hijos, y digo perdida porque ese papel no le corresponde, va contra natura, y por tanto, es la historia de un fracaso anunciado. Y mientras tanto, la figura del profesor es vilipendiada, ninguneada, amenazada incluso de muerte, y en ocasiones, ante cualquier nimiedad (casi siempre fruto de la fantasía de los alumnos), se pone en evidencia su capacitación profesional y su categoría personal o moral. ¿Adónde nos conduce esta locura? 

Seamos serios, criar es una cosa, instruir es otra y educar es mucha palabra...   

No vale malcriar a un hijo y después exigir a los docentes que lo “domen” (eso sí, sin pasarse ni un pelo porque si no, como es lógico, será objeto de denuncia). La situación es cuando menos triste. Si, como parece, las cosas se están poniendo realmente mal y cada vez es más difícil salir adelante, es posible que sin darnos cuenta estemos robando a nuestros hijos su futuro al no concienciarlos de que la vida es una aventura individual marcada por la lucha diaria y por el propósito de ser mejores cada día

Mejores personas significa ser personas más dignas, más solidarias, más tolerantes, más sensatas, más amables, más nobles, más responsables, más saludables, más sabias... La vida es dura, y por ello, para poder sobrevivir, debemos transitar por ella impregnados de “filosofía” y de una buena dosis de “humor”. Hagámonos mejores nosotros para que nuestros hijos vean en qué consiste ser mejor cada día. Los discursos sirven de poco, los hijos deben ver en casa cómo se puede mejorar... Si nosotros no somos buenos, ellos no lo serán nunca. La capacidad que tenemos para influir en nuestros hijos tiene que ver con el “ser” no con el “tener”; es decir, con lo que se es, después con lo que se hace, y muy poco con lo que se dice... El regalo más valioso que los padres pueden proporcionar a sus hijos consiste en dar clases de “autenticidad” con prácticas diarias.

El proceso de formación de una persona dura toda la vida y deja huella después de ella. Si queremos a nuestros hijos, ¿por qué nos empeñamos en convertirlos en unos perfectos inútiles? El camino está en el amor hacia ellos, claro está, pero también en el ejemplo de vida. Cometemos infanticidio si nosotros seguimos viviendo a todo tren sin renunciar a nada, como si los hijos no los hubiéramos tenido nunca. Total qué más da, si se crían solos....  

Sin embargo, es evidente que su bienestar representa, al fin y al cabo, nuestro bienestar.

Así que no nos engañemos; aunque no olvido el concepto de educación en sentido amplio, en realidad la escuela está para instruir, para enseñar a leer y a escribir, y si es posible a amar la lectura y la literatura, para enseñar música, y si es posible a amar el silencio, para conocer otros idiomas, para calcular (sumar, restar, multiplicar y dividir) y resolver problemas matemáticos cuyas fases no difieren mucho de las que deben emplearse para solucionar los problemas que surgen en la vida, para que sepan que el conocimiento se ha ido construyendo a lo largo de la existencia del ser humano sobre la faz de La Tierra y que ya existía el mundo antes de que ellos nacieran, y para que adquieran el deber moral de dejarlo un “poquito” mejor para el goce y disfrute de los que aún no han nacido, para que sepan que viven en sociedad y que no están solos, para que aprendan a tomar decisiones que iluminen el camino, para no bloquear el camino de los demás, para que sepan cuáles son sus obligaciones, para que no las abandonen nunca, para armonizar la propia existencia, solidarizarse con los semejantes, y por encima de todo, no banalizar la vida. 

No olvidemos  que cuanto más armado tengan su mundo interior, menos vulnerables serán a los peligros que, sin duda, les acecharán. 

Así que cada uno ejerza el papel que le corresponde y dejémonos de monsergas.   

 

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Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte2

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