Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte4

-EL PAPEL DE LOS PADRES EN EL FRACASO ESCOLAR- 

-4ª PARTE-

“La trilogía del estudio: valer, querer,  saber.”  

Para aprender son necesarias fundamentalmente tres cosas:

  • Estar capacitado: VALER (poder estudiar).
  • Tener voluntad: QUERER (interés por el estudio).
  • Intentarlo: ESTUDIAR (saber estudiar, conocimiento de estrategias y técnicas).
  1. VALER: En este sentido debemos considerar dos aspectos fundamentales:
  1. Son imprescindibles ciertas capacidades intelectuales:          

       Inteligencia, Razonamiento lógico, abstracto, numérico y espacial. 

Comprensión verbal, Capacidad atencional, Memoria, Imaginación, etc.

  1. Aptitud personal: Capacidad adaptativa, estilo y potencial de aprendizaje, etc.
  • La familia debe conocer cuál es la capacidad real del niño y saber cuál es su rendimiento efectivo y, por tanto, el rendimiento que debe considerarse
  • La familia puede ayudar al niño a la promoción de las facultades que éste posee, animando y estimulando situaciones positivas de aprendizaje.
  • La familia puede y debe ser para el niño una fuente y guía de buena disposición.
  1. QUERER: Es el gran caballo de batalla y el único aspecto sobre el que no existe tratamiento, ni medicina alguna.
  • Es importante tener en cuenta que cada niño estudia o deja de estudiar por una razón.

            Por consiguiente, nuestro problema será:

-    Si estudia, ¿Por qué estudia?

-    Si no estudia, ¿Por qué razón podría estudiar?

            Entre las respuestas principales encontraríamos:

-    Por miedo.

-    Por afición a los premios ofrecidos.

-    Por prestigio y seguridad personal.

-    Por dependencia del adulto.

-    Por una vocación concreta de futuro.

-    Por curiosidad de saber.

  • Es evidente la distinta “categoría educativa” de cada una de estas motivaciones:

-       El miedo sistemático es destructivo a todas luces: provoca ansiedad y nerviosismo, a la vez que mal educa y frena el rendimiento.

-       La afición por los premios, es fundamentalmente positiva si los premios están adecuadamente escogidos y se encuentran más cercanos al bienestar espiritual que a la satisfacción material. Saber premiar es un arte.

-       El prestigio y la seguridad personal es una buena motivación, con el posible obstáculo de constituir una compensación mal asimilada a otras deficiencias personales.

-       La dependencia excesiva del adulto puede constituir una motivación válida en los primeros años, pero será síntoma de inmadurez y sólo lograremos que el niño sea progresivamente más débil.

-       Una vocación concreta, en realidad sólo es posible a partir de ciertos niveles, pero indudablemente constituye una extraordinaria motivación.

-       La curiosidad natural de saber es la más primitiva y más importante, pero su dificultad reside en que constituye toda una metodología educativa difícil de practicar. Quien la posee, tiene el éxito asegurado.

Habría, pues, que potenciar básicamente:

-       En los pequeños, la curiosidad y los premios, sobre todo, de índole personal (reconocimientos...) 

-       En los mayores, la curiosidad, el prestigio y la vocación.

  1. ESTUDIAR: Nos referimos a las condiciones ambientales externas, es decir, al lugar de trabajo, al cómo y al cuándo estudiar.

            A) Condiciones ambientales externas.

                        1.- El lugar de estudio:

  • Ha de ser un lugar definido, el mismo siempre, considerado como algo personal.
  • Silencioso y acogedor (buena iluminación, agradable temperatura, sin ruidos...).
  • Es preferible que sea cómodo, pero no excesivamente confortable.

Son evidentes las dificultades que pueden surgir para llevar esto a efecto, pero no se debe dejar de aspirar a que las condiciones ambientales se acerquen lo más posible a este ideal.

                        2.- Cuándo estudiar:

  • Sabemos que una alimentación equilibrada ayuda a “mantenerse en forma” para el estudio. Además, hay que buscar las horas más apropiadas evitando obstáculos como la fatiga, el dolor de cabeza, la falta de descanso...
  • No comenzar a estudiar sin tenerlo todo preparado y sólo lo necesario: se evitarán interrupciones.
  • ORGANIZAR el tiempo de estudio.

   - Confeccionar un horario de estudio personal con el tiempo apropiado y el número de horas estrictamente necesario. Este horario debe ser::

  1. Flexible.
  2. Auto-controlado.
  3. Puntual.
  4. Realista.
  5. Equilibrado en esfuerzos.
  6. Completo (todas las asignaturas).
  7. Desahogado.

                        3.- Cómo estudiar

  • Hemos apuntado anteriormente que antes de empezar a estudiar se debe organizar el tiempo y distribuirlo, así como preparar los materiales que se van a necesitar:

-         Como haríamos en un ejercicio físico: el niño debe comenzar con una asignatura no muy difícil (precalentamiento).

-         A continuación abordará después un tema difícil.

-         Ha de intercalar “asignaturas de memoria” entre materias que exijan más razonamiento.

-         Asimismo, ha de intercalar varios descansos (breves), al terminar los temas.

-         Por último, es adecuado terminar repasando y fijando ideas.

  • Un aspecto que proporciona la experiencia es prever el tiempo de cada asignatura, tratando de cumplirlo.
  • Seguir un plan de estudio es otro síntoma de madurez. Este plan ha de comprender:

-          La preparación de la clase.

-          La propia clase.

-          Una lectura global del tema de estudio.

-          La lectura detenida del mismo y el subrayado.

-          Un esquema-resumen como guía esencial para fijar en la memoria los contenidos principales.

  • Es clave cuidar la lectura:

-          Mejorando cada día la velocidad.

-          Leyendo por frases y no por palabras.

  • Se debe usar el diccionario cuando algo no se entienda.
  • Nunca se ha de aprender nada que no se haya entendido antes.
  • El niño debe ser formado, a su vez, en la detección de errores.

Por último, es preciso informar de las distintas fases que han de contemplarse en el proceso de estudio: 

  1. Evaluación individualizada de la conducta de estudio.
  2. Entrenamiento en técnicas y habilidades de trabajo individual.
  3. Control de rendimientos académicos.
  4. Comprobación de la efectividad del estudio intensivo mediante exámenes.

Los beneficios que el niño puede obtener de un estudio bien estructurado son de vital importancia de cara a su futuro personal y profesional. Ello dependerá de tu grado de implicación en el mismo como padre o madre, de tu actitud positiva. 

Nosotros sólo intentamos dar indicaciones que pueden resultar valiosas, que ayuden a entender el estudio como una verdadera empresa a conquistar, lo que supone planificar objetivos, organizar el trabajo, ayudar a enfrentar el estudio con una actitud de confianza y a realizar un adecuado aprovechamiento del tiempo. En definitiva, se trata de mostrar métodos de trabajo.

Pues eso... ¡A trabajar! 

Leer más:

Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte1

Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte2

Cómo ayudar a los hijos en los estudios. parte3

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